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PROLAPSO GENITAL FEMENINO: SUFRIMIENTO OCULTO??

  • Foto del escritor: Edward David Gonzales Galvez
    Edward David Gonzales Galvez
  • 4 nov 2020
  • 3 Min. de lectura

El prolapso genital femenino en una condición que puede afectar hasta un 8% de las mujeres a nivel mundial y se caracteriza por la protusión de los órganos pélvicos como la vejiga, útero e intestino a través de la apertura vaginal. Estos órganos normalmente están suspendidos en la pelvis por un sistema complejo de tejido conectivo como la fascia endopélvica, músculos como el iliococcígeo, puborectal y pubococcígeo o ligamentos como úterosacros y cardinales que actúan a manera de hamaca brindando un soporte adecuado. El prolapso genital femenino es de origen multifactorial pero se ve directamente relacionado en aquellas mujeres con antecedentes de embarazo y/o parto vaginal siendo este dato, el antecedente más importante; también puede estar presente en pacientes con antecedente de histerectomía.


Aunque muchas mujeres con prolapso genital no presentan síntomas, los reportados con mayor frecuencia son la sensación de bulto a nivel vaginal, los cuales se exacerban en largos periodos de bipedestación, durante el ejercicio o la defecación. Esta condición se ve agravada en pacientes obesas, qué presentan estreñimiento, enfermedad pulmonar crónica o usuarias de tabaco. El parto obstruido o prolongado produce prolapso cuando la vagina o el útero descienden debido al estiramiento repetido y/o el desgarro producido en los músculos que sostienen estos órganos. En estos casos el prolapso genital también puede producir dolor pélvico crónico, problemas urinarios, coito doloroso. Millones de mujeres a nivel mundial en quienes se realiza parto vaginal se ven expuestos a esta condición de prolapso genital y raramente lo comentan pues asumen que es una consecuencia normal de la maternidad, es por ello si consideramos a aquellas mujeres con síntomas mínimos o asintomáticas la condición de prolapso genital femenino podría abarcar hasta un 40% de mujeres a nivel mundial. Se asume que el prolapso genital se manifiesta después de los 40 años pero hay reportes que identifican que también puede afectar a mujeres jóvenes y sin antecedentes de embarazos; en estos casos se asume que existe una predisposición genética que produce que el tejido conectivo endopélvico contenga bajas concentraciones de colágeno.


El prolapso genital femenino es el descenso de la pared anterior o posterior de la vagina, el útero o la punta de la vagina. Se describe según el lugar del prolapso que puede ser de la pared anterior como el cistocele, prolapso apical como el histerocele o enterocele, prolapso de la pared posterior como el rectocele.


No siempre es necesario el tratamiento pues por lo general los síntomas permanecen invariables sin tratamiento. Según estadísticas el 10% de las mujeres sufrirán un empeoramiento de los síntomas y el 3% presentarán mejoría espontánea. Entre las opciones no quirúrgicas tenemos los ejercicios de fortalecimiento de la musculatura del piso pélvico, adelgazar, no levantar peso, evitar el estreñimiento y controlar las infecciones respiratorias. En cambio el tratamiento quirúrgico pueden realizarse por vía transvaginal o por vía abdominal; la elección dependerá de la experiencia del cirujano y el tipo de prolapso. En caso del cistocele corresponde la colporrafia anterior, en histerocele lo correcto sería la histerosacropexia y en prolapso de cúpula, la sacrocolpopexia es lo recomendado que puede realizarse por laparoscopia o laparatomía.


La discapacidad que genera el prolapso genital femenino producirá una repercusión importante en las responsabilidades hogareñas de las mujeres y si trabajan fuera del hogar su productividad se verá mermada condicionando a su vez una reducción de sus ingresos y un aumento en sus gastos en salud. De allí la importancia de un adecuado control del peso en el embarazo evitando fetos macrosómicos que condicionen a su vez trabajos de parto prolongados, así también es importante brindar la consejería sobre el adecuado espaciamiento entre embarazos y un régimen adecuado de alimentación sana que evite la obesidad materna.



 
 
 

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